lunes 23 de mayo de 2011

El Troll que llevo dentro.

La semana pasada estuve en cama los cinco días laborales apuntando a los cinco puntos cardinales. Ante mi sorpresa y mi resfrío me transformé en un bebé clamando por la llegada de mi novia para sus prestas atenciones. Me di cuenta de lo niño que puedo ponerme ante estas situaciones de debilidad. No es que me enorgullezca de esto, pero bueno, qué hacer... no ser tan mamón como decimos acá en Chile, precioso país esquina con vista al mar, en venta por cierto.

La semana pasada ante tanto tiempo libre me leí Formas de Volver a Casa de Alejandro Zambra y Los Nenes de Patricio fernandez, dos libros de autores chilenos del corral de Herralde en Anagrama. El primero me gustó, interesante estructura, escritor contemporáneo a mi que habla de la niñez en dictadura, es decir, de mi niñez. El segundo es un libro bastante autobiográfico donde personajes "ficticios" conviven con personajes reales, con nombre y apelido. Claro que si conocemos un poco de la trayectoria pública del escritor aquello personajes "ficticios" se nos hacen reales. Y cualquiera que diga lo contrario o está mintiendo o es demasiado poco perceptivo como para no darse cuenta que la novela está basada en Germán Marín, Gonzalo Contreras y Pablo Dittborn. En fin....

La semana pasada mientras estaba enfermo vi pasar manifestaciones públicas de proporciones en mi país y en todo el mundo. ¿Qué está pasando? Pues no mucho, el pueblo, la gente o como quiera llamar usted a esa masa invisible, los electores, se cansaron de que les metan lo que en mi país llamamos de manera poco elegante el Pico en el Ojo. La clase política que se viene perpetuando desde el nacimiento de la república hace y deshace y pareciera que la cuidadanía se aburrió de que las desiciones se tomen entre cuatro paredes con la calculadora en la mano. Hace dos semanas, no la semana que estuve enfermo, salí a tomar un trago con dos de mis mejores amigos y mi flamante novia. Pues cuando se pusieron a hablar de la aprobación de Hidroaysén y la Patagonia, del medioambiente y de las marchas y que había que ir a ellas me entró un Troll que más o menos llevo dentro y que aparece de vez en cuando y expuse mi punto acaloradamente diciendo más o menos, y para no aburrir tanto, que nada cambiaría por más marcha que hubiera, que todo eso ya estaba cocinado. Mi visión pesimista del mundo, que aun mantengo pero que matizo con ciertas notas de optimismo para no parecer un viejo amargado, no me permitió comprender la postura optimista de mi amigo, quien obviamente se sintió un tanto ofendido. Mi novia me regañó obviamente pero ya la suerte estaba hechada, a veces hay que soportarme, lo sé, lo siento, pero bueno, en la universidad me deformaron los putos cientistas sociales. Mismos que hoy miro con recelo, con ganas de ponerles un tiro.

A veces quisiera ser como el protagonista de la novela Caídos del Cielo de Ray Loriga, tomar un revolver y matar a quien se aparezca por la ruta, pero claro, es una actitud muy infantil. A veces quisiera canalizar mi pesimismo, sentarme y escribir bobadas, putear la página en blanco y no putear a mis amigos frente a mi flamante novia, quien por lo demás es lo mejor que me ha pasado en años.

Hoy comienza otra semana, la cosa sigue candente en el mundo y en mi país. Tenemos un gobierno de derecha, derechamente estúpido y no hay nada mucho que hacer. Por de pronto me pongo a pensar en que quiero casarme y no sé bien porqué. Soy una nena.

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