martes 7 de junio de 2011

ültimos días por la casa esquina.

En Perú sale elegido Ollanta Humala, la bolsa de vaores de Lima se desploma y desde Chile las opiniones hablan de proteger las inversiones chilenas en el país vecino. ¿Proteger privados? Los diarios chilenos hablan de proteger privados como si de empresas estatales se tratasen. Se estrena en Chile X-Men The First Class y los cines se llenan, la crítica y el público aplauden la cinta de Matthew Vaughn. Y yo un domingo de matiné voy por ella. Y me evado y en la banda sonora inflo el pecho y pienso que ganas de tener esos poderes y hacer algunos arreglos al mundo político nacional. En el ámbito deportivo nacional la U de Chile y la UC se enfrentarán en la final del cada vez más fome campeonato nacional. Les juro que muero de la emoción. En dos días he visto tres películas que me gustaron bastante, la ya mencionada X-Men y además The Adjustment Bureau y Hanna. The Adjustement Bureau es una película basada en una historia corta de Philip K. Dick llamada "Adjustment Team". Protagonizada por Matt Damon y Emily Blunt trata sobre unos seres aparentemente extraterrestres que rigen los destinos de los humanos según el plan del "presidente". Bonita y entretenida alegoría al amor y al destino. Hanna es una película dirigida por Joe Wright, trepidante, con fotografía y secuencias que recuerdan un poco películas como Trainspotting o Lola Rennt. Recomendable. El premio de la crítica de la Universidad Diego Portales premia a Niño Feo de Yuri Perez en narrativa y La Ley de Snell de Leonardo Sanhueza en Poesía. Ninguno de los dos he leído. Quiero Niño Feo, he de buscarlo.

La impresora de mediana generación suena y suena y me dan ganas de tomarla y lanzarla por la ventana. Pero recuerdo que alguna vez la haré sonar por más de una hora.

Hoy el servicio metereológico nos cuenta que estará nublado con chubascos de mediana intensidad. Y cuando leo la palabra chubascos, no puedo dejar de tener hambre. Y pienso en palta, carne, pan, tomate, mayonesa y todo pierde sentido. En fin.

lunes 23 de mayo de 2011

El Troll que llevo dentro.

La semana pasada estuve en cama los cinco días laborales apuntando a los cinco puntos cardinales. Ante mi sorpresa y mi resfrío me transformé en un bebé clamando por la llegada de mi novia para sus prestas atenciones. Me di cuenta de lo niño que puedo ponerme ante estas situaciones de debilidad. No es que me enorgullezca de esto, pero bueno, qué hacer... no ser tan mamón como decimos acá en Chile, precioso país esquina con vista al mar, en venta por cierto.

La semana pasada ante tanto tiempo libre me leí Formas de Volver a Casa de Alejandro Zambra y Los Nenes de Patricio fernandez, dos libros de autores chilenos del corral de Herralde en Anagrama. El primero me gustó, interesante estructura, escritor contemporáneo a mi que habla de la niñez en dictadura, es decir, de mi niñez. El segundo es un libro bastante autobiográfico donde personajes "ficticios" conviven con personajes reales, con nombre y apelido. Claro que si conocemos un poco de la trayectoria pública del escritor aquello personajes "ficticios" se nos hacen reales. Y cualquiera que diga lo contrario o está mintiendo o es demasiado poco perceptivo como para no darse cuenta que la novela está basada en Germán Marín, Gonzalo Contreras y Pablo Dittborn. En fin....

La semana pasada mientras estaba enfermo vi pasar manifestaciones públicas de proporciones en mi país y en todo el mundo. ¿Qué está pasando? Pues no mucho, el pueblo, la gente o como quiera llamar usted a esa masa invisible, los electores, se cansaron de que les metan lo que en mi país llamamos de manera poco elegante el Pico en el Ojo. La clase política que se viene perpetuando desde el nacimiento de la república hace y deshace y pareciera que la cuidadanía se aburrió de que las desiciones se tomen entre cuatro paredes con la calculadora en la mano. Hace dos semanas, no la semana que estuve enfermo, salí a tomar un trago con dos de mis mejores amigos y mi flamante novia. Pues cuando se pusieron a hablar de la aprobación de Hidroaysén y la Patagonia, del medioambiente y de las marchas y que había que ir a ellas me entró un Troll que más o menos llevo dentro y que aparece de vez en cuando y expuse mi punto acaloradamente diciendo más o menos, y para no aburrir tanto, que nada cambiaría por más marcha que hubiera, que todo eso ya estaba cocinado. Mi visión pesimista del mundo, que aun mantengo pero que matizo con ciertas notas de optimismo para no parecer un viejo amargado, no me permitió comprender la postura optimista de mi amigo, quien obviamente se sintió un tanto ofendido. Mi novia me regañó obviamente pero ya la suerte estaba hechada, a veces hay que soportarme, lo sé, lo siento, pero bueno, en la universidad me deformaron los putos cientistas sociales. Mismos que hoy miro con recelo, con ganas de ponerles un tiro.

A veces quisiera ser como el protagonista de la novela Caídos del Cielo de Ray Loriga, tomar un revolver y matar a quien se aparezca por la ruta, pero claro, es una actitud muy infantil. A veces quisiera canalizar mi pesimismo, sentarme y escribir bobadas, putear la página en blanco y no putear a mis amigos frente a mi flamante novia, quien por lo demás es lo mejor que me ha pasado en años.

Hoy comienza otra semana, la cosa sigue candente en el mundo y en mi país. Tenemos un gobierno de derecha, derechamente estúpido y no hay nada mucho que hacer. Por de pronto me pongo a pensar en que quiero casarme y no sé bien porqué. Soy una nena.

lunes 7 de febrero de 2011

De las Cocinas de mis Casas

Sentado en la mesa la cocina, miro de reojo el vapor que emana de una taza de café preparado sin ningún esmero. Sentado en esta mesa de cocina pienso en las cocinas de mi vida. Oscuras y grandes o chicas y luminosas. Esta es grande relativamente y luminosa a mi antojo. Las que mejor recuerdo son las de baldosa antigua, aquella que jamás se calentaba, que mantenia ese frío que a través de los pies calaba hondo. En esas cocinas he tomado demasiadas tazas de té, de café, vasos de leche, tragos de jugo en polvo preparado por la escasa economía familiar de otros tiernos años. En aquellas cocinas leí mis primeros libros importantes, esos que tomé a escondidas de la bliblioteca de mis padres, esos que en el colegio jamás me hubieran recomendado. En la oscuridad de una cocina de más de 70 años, de techo alto, de paredes grasientas leí mis primeros poemas, la primera y poca rebeldía que logré tener. Leí, por ejemplo, poemas tristes, de bruma, de pueblos olvidados que nacen junto a la estación del tren, todos ellos de Jorge Tellier. Leí a su vez novelas de Salgari, historietas de selva y paraísos lejanos.

En la cocina de mis casas se contaban secretos, tener la pieza de servicio me mantuvo informado de las peores tragedias, esas que jamás debi escuchar cuando unos pocos libros debieran haber sido necesarios.